De Thatcher a Cristina

Margaret Tatcher

Cristina LorenzettiPor Sergio Fernández Novoa

El lunes de esta semana comenzó con la noticia de la muerte de Margaret Thatcher, símbolo de Inglaterra en la guerra de Malvinas y de la revolución conservadora a nivel global, y terminó con el anuncio presidencial de los proyectos legislativos para democratizar la Justicia.

El hilo invisible que une a ambas noticias trasciende el reclamo de nuestro país por la soberanía de las Islas para situarse en dos concepciones opuestas del mundo en el que queremos vivir.

Una primera diferencia, quizás la más obvia, es el valor de la vida. Thatcher se negó a escuchar a los consejeros que se oponían al hundimiento del crucero General Belgrano. Dio la orden de atacar a la embarcación, que estaba fuera de la zona de exclusión y rumbo al continente, matando a sus 323 tripulantes. Una vez terminada la guerra, aseguró que lo volvería a hacer.

Thatcher murió sin reparar sus crímenes, algo que hubiera ocurrido, al menos en parte, si su país se sentara en la mesa de negociación que le exige el mundo para terminar con la situación colonial en las islas.

El pueblo argentino, en cambio, pudo dejar atrás la dictadura y ahora también apuesta a dejar atrás sus políticas neoliberales, las mismas de las que la ex premier fue una abanderada.

Otro abismo que nos separa de Thatcher y sus sucesores (los neoliberales de acá y de allá) es la concepción de lo social. Una sociedad fragmentada donde sólo sobrevive el más fuerte o una comunidad inclusiva donde el Estado equilibra las asimetrías.

El anuncio presidencial del lunes expresa este contraste. También, hay que decirlo, los festejos por el deceso de Thatcher que protagonizaron los obreros ingleses, escoceses e irlandeses que no derramaron lágrimas de cocodrilo por quien eligió combatirlos.

Las iniciativas anunciadas por la Presidenta dan cuenta de la búsqueda de la inclusión social: ampliar el Consejo de la Magistratura (órgano encargado de seleccionar a los jueces) de 13 a 19 miembros; la elección de estos a través del voto popular; regular las medidas cautelares contra el Estado; crear tres cámaras de casación; garantizar el acceso público a las declaraciones juradas de los funcionarios de los tres poderes del Estado; establecer el concurso público cómo mecanismo de acceso a todos los cargos del Poder Judicial; y el acceso digital a la información de todas las causas en trámite.

“Queremos una justicia ágil, democrática y para todos los argentinos”, dijo la Presidenta. Definición que contrasta no solo con la Inglaterra thatcheriana sino también con la recepción que la oposición político-mediática le dio a la iniciativa.

El conglomerado opositor sostiene que todo se reduce a un intento de controlar a la justicia, como si el modelo de justicia que defienden no fuera el que expolió a los argentinos invocando la seguridad jurídica (para las corporaciones), según un guión escrito durante el reinado mundial del conservadurismo.

La falta de una visión crítica que de cuenta de la dependencia del Poder Judicial de los poderes fácticos y la ausencia de propuestas para reformar la justicia no hace más que revelar el compromiso que tienen estos sectores con el statu quo.

Esta diferencia entre el gobierno y la oposición político-mediática posee la misma raíz ideológica que la que divide hoy al Reino Unido ante la muerte de la Dama de Hierro.

El escritor y comediante inglés Alexei Sayle recordó en estos días que la ex premier “tomó la decisión de erosionar la industria y concentrarse en la fabricación de armas y en los servicios financieros” y concluyó que “fue una reformadora, pero en el sentido de que fue una gran destructora”.

El achicamiento del núcleo industrial británico y el recorte social llevó a Thatcher a enfrentarse con los trabajadores con el mismo odio de clase que hoy demuestra la oligarquía argentina.

David Hopper, secretario general de la Asociación Minera de Durham, recordó que en once años de gobierno Thatcher “destruyó nuestra comunidad, nuestras localidades y nuestra gente”.

Vale recordar que Thatcher impulsó la privatización de las industrias estatales y del transporte público, redujo el gasto público e impulsó la flexibilización laboral. Su administración convirtió al Reino Unido, cuna de la Revolución Industrial, en epicentro de los capitales financieros.

Todas esas políticas, que hoy quieren restaurar los sectores de poder en la Argentina, hicieron de Thatcher un símbolo de las políticas neoliberales que se desparramaron por el mundo en las décadas de los 80 y 90 y que hoy cobran nuevo auge en Europa.

Este es el contexto en que hay que ubicar los anuncios de Cristina. En la necesidad de dejar atrás, definitivamente, los pilares del neoliberalismo. Esto significa transformar la Justicia para que deje de velar por los privilegios de las elites económicas y de los intereses corporativos.

Esos mismos que defienden quienes hoy lloran a Thatcher y reniegan, una vez más, de Cristina.

Deja un comentario

*