Medios y esfera pública

Por Daniel Rosso*

Daniel RossoLa Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual destina el 33 por ciento del espectro para medios sin fines de lucro. Es decir, para la contracara del neoliberalismo y su cultura de lo privado, que desarticularon en los ’90 la esfera pública. Desde entonces, los medios concentrados han promovido un modelo de mediación caracterizado por la restricción de la política a su mínima expresión y la producción en escala de consumidores. Consecuente con su base privada concentrada, estos medios sirvieron más de soporte para el desarrollo de una esfera mercantil artificial que para la constitución de una esfera pública ampliada. Contribuyeron más a producir consumidores que ciudadanos. Muchos de ellos, consumidores fallidos: consumidores que no lograban consumir. Los ’90 y su sistema de medios concentrados promovieron una tensa combinación de ciudadano deficitario y consumidor fallido.

Ese embrollo identitario desembocaría con los años en un precipicio simbólico: el “que se vayan todos”. Por eso, la adjudicación de un 33 por ciento del espectro para medios sin fines de lucro debería constituirse en un componente estratégico de la reconstrucción de la esfera pública posneoliberal. Y de la profundización de procesos políticos y simbólicos de construcción de ciudadanía.

No es un espacio para la comodidad del alternativismo ingenuo. Es la apertura de numerosos soportes para la experimentación y el desarrollo de nuevas mediaciones políticas, sociales y culturales. Porque los medios comunitarios median de otro modo. Los grandes medios concentrados colocan a la comunicación en un lugar exterior a los procesos de construcción social y política. Por eso es que es necesario “ir hacia ellos”. Y adaptarse a sus reglas y a sus modos de producción. Median exteriormente. Los medios comunitarios, en cambio, colocan la comunicación en el interior de las dinámicas de construcción social y política. O, por lo menos, en parte de ellas. Generan circuitos de comunicación ahí donde se produce y desarrolla el poder social. Por eso, cuando los grandes medios concentrados redujeron la política a su mínima expresión fueron funcionales al neoliberalismo en su diseño de una red de ciudadanos deficitarios y aislados. Esos grandes medios, por supuesto, han sido y son exteriores a todo proceso de organización política y social comunitaria. Son grandes aparatos externos, mediadores entre gobiernos débiles, corporaciones fuertes e individuos aislados.

En contraposición a esas políticas neoliberales, las estrategias de cambio y transformación necesitan de construcciones sociales y políticas colectivas que sostengan a los gobiernos en sus luchas para limitar a las corporaciones. Mientras la exterioridad del medio es funcional a la conjunción de entretenimiento más consumo, la interioridad del medio es funcional a la combinación de producción de poder colectivo y generación de ciudadanía. Los medios comunitarios, a partir de su posición interior en los procesos de intercambio social, cultural y político, establecen mediaciones cualitativamente diferentes a las mediaciones externas de los grandes medios. Estos últimos expresan intereses de grandes corporaciones –propios y externos– que no pueden aparecer como tales. Su discurso alrededor de la práctica de la libertad de expresión y la objetividad sólo puede sostenerse sobre la sospechosa premisa de que el gran capital no toma decisiones ni hace pesar sus intereses en el interior de los medios que conduce. Es un capital desinteresado. Esta inversión originaria –que hace aparecer la libertad de expresión allí donde está el interés concentrado– da lugar a una práctica general de inversión de sentidos y tergiversación simbólica en todos los planos.

Por el contrario, las mediaciones internas que establecen los medios comunitarios constituyen instancias de relativa transparencia comunicacional. Lo son porque acompañan y contribuyen al desarrollo de los procesos de organización y construcción de poder comunitario desde su interior. Y, por lo tanto, están comprometidos con el mismo. Es ese compromiso lo que le permite a Denis de Moraes en “La cruzada de los medios en América Latina”, referirse a la comunicación comunitaria como “directa, veraz y confiable hacia las comunidades”. Por eso, el 33 por ciento adjudicado a medios sin fines de lucro no sólo contribuye a la política general de desmonopolización del sistema de medios. Contribuye, además, a la reconstrucción efectiva de la esfera pública devastada en los ’90 al fortalecer un segmento de medios con otra modalidad de mediación. Medios que van hacia las organizaciones, se instalan en su interior y son apropiados por ellas.

* Periodista, sociólogo. Jefe de Gabinete de Asesores del Secretario de Comunicación Pública.

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